NCSTAC: En Español

 

Lo que toda mujer debe saber sobre la depresión

Algunos factores que contribuyen a la depresión clínica

Algunas causas de la depresión clínica

Cómo se reconoce la depresión clínica

El tratamiento

¿Cómo conseguir ayuda?

Usted es la persona más importante en su tratamiento; aprovéchelo al máximo

 

LO QUE TODA MUJER DEBE SABER
SOBRE LA DEPRESIÓN

LO QUE TODA MUJER DEBE SABER  SOBRE LA DEPRESIÓN Casi todas las mujeres hemos sentido alguna vez en nuestra vida momentos de melancolía, nostalgia o de una inmensa tristeza. Esto es normal, pues la vida oscila entre momentos de felicidad, de celebración o de duelo. 

No es lo mismo hundirse en un abismo de tristeza permanente, perdiendo el interés por la familia, los amigos y las actividades de que antes disfrutábamos. Todos estos son síntomas que apuntan hacia una depresión clínica.

La depresión clínica nos causa la pérdida de alegrías e ilusiones, tensión en el trabajo y en las relaciones; agrava condiciones médicas e incluso puede llevarnos al suicidio.

Debemos tener bien entendido que sentir tristeza es normal, estar deprimido clínicamente no lo es. La severidad, la duración y la presencia de otros síntomas son lo que diferencian la depresión clínica de la tristeza. La depresión se caracteriza por cambios en el comportamiento y en el estado de ánimo.  

La depresión clínica no exime a nadie; no distingue entre sexos, edades, razas, entornos socioeconómicos. Sin embargo, las cifras que componen las estadísticas confirman que las mujeres somos dos o tres veces más propensas que los hombres a sufrir de depresión clínica. Una compleja combinación de factores (psicológicos, sociales, ambientales, culturales, hormonales, biológicos y fisiológicos) contribuye a que haya mayor incidencia de depresión entre las mujeres.

El  trajín diario que cae sobre nosotras como proveedoras y las expectativas que exige nuestro papel social pueden elevar la incidencia de la depresión clínica en las mujeres. A este cuadro se suma en algunos casos el aumento del abuso sexual y la violencia doméstica que, unidos a la pobreza, aumentan el riesgo.

Cuando estamos deprimidas clínicamente, prevalecen sentimientos de inutilidad, desesperación y derrota; sentimos un “vacío en el alma”, sufrimos cambios de apetito y alteraciones en los patrones de sueño, tenemos dificultad en concentrarnos, memorizar o tomar decisiones. Además podemos sufrir problemas de ansiedad y sensaciones de irritabilidad, fatiga y debilidad; podemos experimentar tanto síntomas físicos como dolores crónicos. En el último extremo,  nos asedian pensamientos de suicidio o muerte.

Casi todas las mujeres hemos sentido alguna vez en nuestra vida momentos de melancolía, nostalgia o de una inmensa tristeza. Esto es normal, pues la vida oscila entre momentos de felicidad, de celebración o de duelo. 

No es lo mismo hundirse en un abismo de tristeza permanente, perdiendo el interés por la familia, los amigos y las actividades de que antes disfrutábamos. Todos estos son síntomas que apuntan hacia una depresión clínica.

La depresión clínica nos causa la pérdida de alegrías e ilusiones, tensión en el trabajo y en las relaciones; agrava condiciones médicas e incluso puede llevarnos al suicidio.

Debemos tener bien entendido que sentir tristeza es normal, estar deprimido clínicamente no lo es. La severidad, la duración y la presencia de otros síntomas son lo que diferencian la depresión clínica de la tristeza. La depresión se caracteriza por cambios en el comportamiento y en el estado de ánimo.  

La depresión clínica no exime a nadie; no distingue entre sexos, edades, razas, entornos socioeconómicos. Sin embargo, las cifras que componen las estadísticas confirman que las mujeres somos dos o tres veces más propensas que los hombres a sufrir de depresión clínica. Una compleja combinación de factores (psicológicos, sociales, ambientales, culturales, hormonales, biológicos y fisiológicos) contribuye a que haya mayor incidencia de depresión entre las mujeres.

El  trajín diario que cae sobre nosotras como proveedoras y las expectativas que exige nuestro papel social pueden elevar la incidencia de la depresión clínica en las mujeres. A este cuadro se suma en algunos casos el aumento del abuso sexual y la violencia doméstica que, unidos a la pobreza, aumentan el riesgo.

Cuando estamos deprimidas clínicamente, prevalecen sentimientos de inutilidad, desesperación y derrota; sentimos un “vacío en el alma”, sufrimos cambios de apetito y alteraciones en los patrones de sueño, tenemos dificultad en concentrarnos, memorizar o tomar decisiones. Además podemos sufrir problemas de ansiedad y sensaciones de irritabilidad, fatiga y debilidad; podemos experimentar tanto síntomas físicos como dolores crónicos. En el último extremo,  nos asedian pensamientos de suicidio o muerte.

La depresión clínica es una enfermedad tratable

Toda mujer que experimenta síntomas depresivos debe acudir a un profesional en salud mental. Sin embargo, muchas latinas no admitimos la depresión como enfermedad, no buscamos ayuda ni tratamiento, convencidas de que es algo que tenemos que aguantar, que desaparecerá por sí sola “si ponemos de nuestra parte”.

Estas son percepciones falsas. Es muy importante que cualquier mujer que sufre de depresión, como de cualquier otra enfermedad grave, reconozca que la depresión clínica es tratable y que su sufrimiento no es necesario. ¡No hay por qué vivir deprimidas!