LO
QUE TODA MUJER DEBE SABER
SOBRE LA DEPRESIÓN
Casi
todas las mujeres hemos sentido alguna vez en nuestra vida momentos
de melancolía, nostalgia o de una inmensa tristeza. Esto es normal,
pues la vida oscila entre momentos de felicidad, de celebración
o de duelo.
No es lo mismo hundirse en un abismo de tristeza permanente,
perdiendo el interés por la familia, los amigos y las actividades
de que antes disfrutábamos. Todos estos son síntomas que apuntan
hacia una depresión clínica.
La depresión clínica nos causa la pérdida de alegrías e ilusiones,
tensión en el trabajo y en las relaciones; agrava condiciones
médicas e incluso puede llevarnos al suicidio.
Debemos tener bien entendido que sentir tristeza
es normal, estar deprimido clínicamente no lo es. La severidad,
la duración y la presencia de otros síntomas son lo que diferencian
la depresión clínica de la tristeza. La depresión se caracteriza
por cambios en el comportamiento y en el estado de ánimo.
La depresión clínica no exime a nadie; no distingue entre sexos,
edades, razas, entornos socioeconómicos. Sin embargo, las cifras
que componen las estadísticas confirman que las mujeres somos
dos o tres veces más propensas que los hombres a sufrir de depresión
clínica. Una compleja combinación de factores (psicológicos,
sociales, ambientales, culturales, hormonales, biológicos y fisiológicos)
contribuye a que haya mayor incidencia de depresión entre las
mujeres.
El trajín diario que cae sobre nosotras como proveedoras y
las expectativas que exige nuestro papel social pueden elevar
la incidencia de la depresión clínica en las mujeres. A este
cuadro se suma en algunos casos el aumento del abuso sexual y
la violencia doméstica que, unidos a la pobreza, aumentan el
riesgo.
Cuando estamos deprimidas clínicamente, prevalecen sentimientos
de inutilidad, desesperación y derrota; sentimos un “vacío en
el alma”, sufrimos cambios de apetito y alteraciones en los patrones
de sueño, tenemos dificultad en concentrarnos, memorizar o tomar
decisiones. Además podemos sufrir problemas de ansiedad y sensaciones
de irritabilidad, fatiga y debilidad; podemos experimentar tanto
síntomas físicos como dolores crónicos. En el último extremo, nos
asedian pensamientos de suicidio o muerte.
Casi todas las mujeres hemos sentido alguna vez en nuestra
vida momentos de melancolía, nostalgia o de una inmensa tristeza.
Esto es normal, pues la vida oscila entre momentos de felicidad,
de celebración o de duelo.
No es lo mismo hundirse en un abismo de tristeza permanente,
perdiendo el interés por la familia, los amigos y las actividades
de que antes disfrutábamos. Todos estos son síntomas que apuntan
hacia una depresión clínica.
La depresión clínica nos causa la pérdida de alegrías e ilusiones,
tensión en el trabajo y en las relaciones; agrava condiciones
médicas e incluso puede llevarnos al suicidio.
Debemos tener bien entendido que sentir
tristeza es normal, estar deprimido clínicamente no lo es.
La severidad, la duración y la presencia de otros síntomas
son lo que diferencian la depresión clínica de la tristeza.
La depresión se caracteriza por cambios en el comportamiento
y en el estado de ánimo.
La depresión clínica no exime a nadie; no distingue entre
sexos, edades, razas, entornos socioeconómicos. Sin embargo,
las cifras que componen las estadísticas confirman que las
mujeres somos dos o tres veces más propensas que los hombres
a sufrir de depresión clínica. Una compleja combinación de
factores (psicológicos, sociales, ambientales, culturales,
hormonales, biológicos y fisiológicos) contribuye a que haya
mayor incidencia de depresión entre las mujeres.
El trajín diario que cae sobre nosotras como proveedoras
y las expectativas que exige nuestro papel social pueden elevar
la incidencia de la depresión clínica en las mujeres. A este
cuadro se suma en algunos casos el aumento del abuso sexual
y la violencia doméstica que, unidos a la pobreza, aumentan
el riesgo.
Cuando estamos deprimidas clínicamente, prevalecen sentimientos
de inutilidad, desesperación y derrota; sentimos un “vacío
en el alma”, sufrimos cambios de apetito y alteraciones en
los patrones de sueño, tenemos dificultad en concentrarnos,
memorizar o tomar decisiones. Además podemos sufrir problemas
de ansiedad y sensaciones de irritabilidad, fatiga y debilidad;
podemos experimentar tanto síntomas físicos como dolores crónicos.
En el último extremo, nos asedian pensamientos de suicidio
o muerte.
La depresión clínica es una enfermedad tratable
Toda mujer que experimenta síntomas depresivos
debe acudir a un profesional en salud mental. Sin embargo,
muchas latinas no admitimos la depresión como enfermedad, no
buscamos ayuda ni tratamiento, convencidas de que es algo que
tenemos que aguantar, que desaparecerá por sí sola “si ponemos
de nuestra parte”.
Estas son percepciones falsas. Es muy importante
que cualquier mujer que sufre de depresión, como de cualquier
otra enfermedad grave, reconozca que la depresión clínica es
tratable y que su sufrimiento no es necesario. ¡No hay por
qué vivir deprimidas!
|